El lenguaje cotidiano o la mera simplificación de los conceptos matemáticos pueden distorsionar los aprendizajes. Esto, dado principalmente por la disonancia entre la construcción conceptual que intenciona conceptos posteriores en la enseñanza formal y el uso coloquial que apunta a explicar procesos o entes asociados a conceptos matemáticos en forma aproximada e imprecisa.
- Aparecen aquí los objetos geométricos que usualmente se asocian con formas geométricas.
- Las propiedades de los conjuntos numéricos que se visualizan a interesante distancia de la solución de problemas cotidianos.
- Figura el álgebra como una herramienta que se nutre de sí misma y no como instrumento de modelamiento para la resolución de problemas, entre otras aplicaciones.
Los preconceptos que instalamos en los niños respecto a las condiciones supuestamente heredadas de “bueno o malo para la matemática”, condicionan y/o predisponen a los alumnos para afrontar un uso cercano y amistoso de la matemática como herramienta eficaz para resolver problemas de su entorno o para dar explicación respecto a situaciones y procesos que la involucran.
- El rotular de bueno o malo para la matemática en atención a un historial familiar de fracasos o malas experiencias no aporta, sino que resta posibilidad de desarrollo.
- El generar por el contrario estímulos positivos para los logros y desempeños de uso, le confiere seguridad y construye una historia de éxitos en los alumnos que fortalece su autoestima académica y genera círculos virtuosos a través de rótulos tales como: “Tú eres muy bueno matemáticamente” o “eres muy hábil con los números” entre otras frases.
- Así a modo de ejemplo, el cocinar no tan solo requiere de una serie de cálculos para estimar la cantidad adecuada de ingredientes, sino que propone el desafío de articular lógicamente los pasos secuenciados de una tarea donde el orden de los factores y pasos sí altera el producto.
- El desarrollar el carácter empático para resolver problemas de relaciones humanas requiere por ejemplo, desde el análisis, hasta el estructurar un algoritmo lógico de pasos para afrontar y resolver desde las distintas miradas de los actores involucrados, de modo de plantear una solución concordada y que satisfaga a todos, como en teoría de conjuntos que incluya a todos y que logre la mayor cantidad de puntos comunes de consenso (intersección).
En definitiva hablar a través del lenguaje de la matemática nos acercamos a entender nuestro entorno, y a su vez se puede afirmar que el entorno está escrito en este lenguaje matemático.
Por Ricardo González Méndez, Mg. en Evaluación de los Aprendizajes, Secretario de Estudio de Pedagogía en Matemática, mención Informática Educativa, Universidad San Sebastián - sede Concepción.

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